Presentación del museo

Describir con pocos rasgos la colección de la Galería de Arte Moderno de Roma Capitale es un poco como recorrer, en un viaje de formas y colores, la historia artística y cultural de nuestra ciudad desde que, a finales del siglo XIX, llegó a desempeñar el papel de capital de la joven nación italiana cuando, tras los cruciales acontecimientos históricos del nuevo siglo, surgió de los desastres de la Segunda Guerra Mundial.

La Galería de Arte Moderno de Roma Capitale nació como una “colección cívica”, una colección que podríamos llamar la “Colección de los ciudadanos”, y en particular de los ciudadanos de Roma. La tarea que se le asignó, desde su fundación en 1925, fue en realidad la de documentar el entorno artístico romano en sus múltiples aspectos.

No es casualidad que en la colección, junto a las obras de artistas reconocidos como protagonistas del panorama artístico italiano, encontremos las de “actores” secundarios, pero no menos significativos para reconstruir la historia de la cultura en Roma; y también encontraremos junto a las obras de ilustres autores, que en ocasiones atravesaban el medio romano atraídos por el papel internacional que la ciudad conservaba en la época moderna, ejemplos más provinciales favorecidos por un gusto burgués, receloso de las novedades, que no dejó de caracterizar  la cultura oficial de la capital.

Con eventos alternos, que han visto períodos alternantes de adquisiciones ilustradas con períodos de cierre y abandono de la colección, La Galería de Arte Moderno de Roma Capitale ofrece al público su rico patrimonio artístico en el lugar histórico de Via Francesco Crispi, un antiguo monasterio de clausura de las Carmelitas Descalzas.
Reabierta al público en noviembre de 2011 después de un largo período de cierre que permitió la adaptación a los estándares de los museos modernos, la Galería ofrece ahora a los ciudadanos, académicos, así como a los numerosos turistas que frecuentan la zona, un valioso patrimonio de obras de finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX.

La particularidad del lugar, un edificio histórico con un área de exposición relativamente pequeña permite la instalación de un número limitado de piezas, alrededor de ciento cincuenta, en comparación con una colección mucho más grande de más de 3000 obras que incluyen pinturas, esculturas y gráfica.

El principio rector de la programación fue, por tanto, configurar el recorrido expositivo como una exposición temporal de la colección permanente, presentando un gran y variado número de obras en rotación. Así se erige hoy la Galería como una pieza preciosa e insustituible en el amplio y articulado panorama de la oferta museística capitolina: con una serie de exposiciones y eventos de gran amplitud, destinados a valorizar el patrimonio y cruzar con temas siempre nuevos el Arte de los siglos XIX y XX.
Un principio que coincide con el de numerosos museos modernos, especialmente dedicados al arte contemporáneo y que transforma una dificultad objetiva en una cualidad distintiva inmediatamente perceptible. Independientemente de las ocasiones expositivas creadas o en construcción, el visitante se encuentra, de hecho, en un espacio íntimo, lo que hace que el encuentro con las obras expuestas sea inusualmente privilegiado y confidencial, donde la música, y a veces fragancias, acompañan el itinerario expositivo.